AY, PAPI, CUBA… ¡MI CUBA LIBRE! Una mirada atrás, 2013.

 In Transformación
D

ejo Cuba con una extraña sensación. La sensación de que me falta algo. Que me falta algo por conocer, por ver, por saborear, por sentir; no lo sé, pero siento que me falta algo por vivir aquí. Me voy con un sentimiento incompleto. Decir que me ha encantado no es lo primero que me viene a la cabeza, la verdad, sin embargo, siento algo especial. Esa emoción que sólo los lugares que te llegan dentro te dejan cuando te vas.

De todos los países y culturas que he conocido en mi vida, Cuba es, sin duda alguna, el más curioso y complejo. Casi inabarcable. Me pregunto si los propios cubanos entienden verdaderamente los entresijos de su propia cultura.

“Lo que ha puesto la más deliciosa guinda al gran pastel cubano, junto con esa alegre cadencia, el encanto y el brillo en los ojos de su gente, es la música.”

Llevo dos semanas debatiéndome en la dicotomía del “me gusta – no me gusta (tanto)” y sigo en la misma confusión o peor.

Cuando llego a la conclusión de que en este país “TODO”, hasta el acto más aparentemente arbitrario y altruista tiene un precio, ¡toma! ahí me veo de bruces con la excepción que confirma la regla. Porque sí, la regla yo diría que existe, pero parece que una cara bonita y una honesta sonrisa tienen más poder del que pensaba.

Eso sí, no he conseguido acostumbrarme a sentirme un dólar andante. Es una pena porque sé que he perdido la oportunidad de enriquecerme en conversaciones con mucha gente, sólo por evitar enfrentarme por vigésima vez en un mismo día al timo al turista o a la gran preguntica: “Y un dólar, ¿no tendría?, ¿un cuc?”. De verdad que ojalá pudiera yo ayudar a todo el mundo, que las monjas hicieron bien su trabajo conmigo, pero no.

Me voy con la autoestima bien alta, eso sí. Aunque tengo que reconocer que eso en Cuba no tiene mucho mérito. Ya lo dicen ellos, para los hombres cubanos, las mujeres, la música y el ron son lo primero. Me ha quedado claro. De todas formas, aunque a veces saturada, creo que voy a echar de menos tanta atención masculina de vez en cuando, jeje.

No he conocido a “mi cubano”, en contra de los mejores augurios. Pero he de reconocer que aquí he visto los hombres más atractivos, con esas miradas sensuales y ese juego tan natural. Cuba ya lidera mi lista. El mundo chocolate me mola, y con ritmo latino más.

Pero lo que ha puesto la más deliciosa guinda al gran pastel cubano, junto con esa alegre cadencia, el encanto y el brillo en los ojos de su gente, es la música. Me tiene enganchada cual droga dura. Increíble, ya tengo mono y aún no me he ido. Cuba es una bomba de arte contenido. Espectacular. Aquí he visto de lo mejor de mi vida. He descubierto el jazz cubano que me hace vibrar y me levanta el alma. Jazz, salsa, música fusión, afro-cubana y hasta el tan rechazado por mí reguetón, me encienden en esta isla.

Sé que no tardaré en volver porque, sea como sea, Cuba me ha enganchado.

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