SER IRRACIONABLE CREA MILAGROS. Una mirada atrás, 2013.

 In Liderazgo, Transformación
A

diós Méjico lindo. Qué pronto se han pasado estas dos semanas y, sin embargo, no podía haber empezado mejor mi viaje. Nunca hubiera pensado que un curso de tres días, como el que hice al llegar a Méjico, podría cambiar tanto mi vida. He aprendido más que en meses.

Entre todo ello, que mi prepotencia me empobrece y me limita y que sí, que soy mucho más prepotente de lo que admito. Ojito al dato, ¡señores!

He aprendido que en nuestro aprender a sobrevivir en la vida, construimos “nuestra personalidad” y la asumimos como innata cuando, en realidad, es un mero conjunto de hábitos; comportamientos y procesos mentales aprendidos. Punto. Y, como tales, se pueden cambiar. Así que puedo ser la persona que realmente siento que quiero ser y me hace feliz, sin importar quién/cómo haya sido hasta ahora. Lo que me proponga… la imaginación se me atora con tantas posibilidades.

“He aprendido que con la edad nos alejamos cada vez más de ser auténticos. Llenamos la mochila de piedras de pasado y la anclamos a nuestro subconsciente sin darnos cuenta.”

He aprendido que con la edad nos alejamos cada vez más de ser auténticos. Llenamos la mochila de piedras de pasado y la anclamos a nuestro subconsciente sin darnos cuenta. Nos acostumbramos a su carga de tal modo que ya ni las vemos. La vida, en su día a día, se nos llena de “razones” para no hacer, decir o sentir infinidad de cosas. Nos encadenamos nosotros, nuestro presente y nuestro futuro al pasado. Nos hacemos presos de un pasado que, en realidad, no es más que un cúmulo de interpretaciones que vamos haciendo de lo que realmente va pasando. Vamos, que no existe, nosotros solitos lo inventamos.

Yo nunca le había dicho a mi padre cuánto le quiero y lo orgullosa que estoy de la educación que ambos, mi madre y mi padre, nos han dado a mi hermano y a mí. Cuánto valoro lo afortunada que soy en mi vida gracias a todos sus sacrificios y todo su amor. NUNCA se lo había dicho a mi padre pero es que tampoco a mi madre de forma honesta y auténtica. Y lo mismo con mi hermano. Siempre me quedo en el cliché y la broma. Puede que haga más de 20 años que no era tan auténtica con ellos como cuando les llamé durante el curso.

¿Por qué nunca lo había hecho? Por las innumerables razones que todos encontramos para no hacerlo. Razones para no ser honestos, razones para no ser espontáneos, razones para no expresar honestamente nuestros sentimientos, razones para no dar amor, razones para no hacer nada que implique amor y, a veces, razones hasta para no sentir. Porque “siempre” nos hemos comportado de una forma determinada y hemos asumido que, de ninguna manera, podemos salirnos de ese patrón de comportamiento. En realidad, sólo por MIEDO. Miedo al qué dirán si nos salimos inesperadamente de nuestra norma. Miedo a ser vulnerables, miedo a ser rechazados. Miedo, miedo, miedo que, como el pasado, no existe más que en nuestra cabeza, es una pura creación nuestra. No hay más.

He aprendido que “ser irrazonable”, no dejarse llevar por las “razones”, crea milagros. Da un vuelco al mundo que nos rodea, sí, ese que pensamos que nunca cambia ni va a cambiar. Pues, ya ves, sólo depende de nosotros mismos que cambie. Yo, a partir de ahora, inesperada e irrazonable, adiós a las razones, me cueste lo que me cueste. Porque cuesta… ahora sólo me queda aprender a acallar el razonamiento desenfrenado de esta cabecita loca. Pero me lo he propuesto así que ¡lo conseguiré! 😉

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